martes, 10 de enero de 2012

POLONIA
































































































Siguiendo la tradición de los últimos cinco años (Benidorm, Madrid, Roma, Gante y este último en Cracovia) he pasado el último día el año en un lugar diferente al que siempre había acudido durante 26 años. Y siguiendo la tradición de los últimos tres, pasándolo fuera de las fronteras españolas.

Este año, tras varias opciones, sobre todo Suiza, nos decantamos por Polonia. La experiencia del año anterior en Bélgica nos gustó, no centrándonos en una sola ciudad, sino con un vehículo recorriendo varias ciudades…y repetimos fórmula en tierras polacas.

Aterrizamos en Poznan, cuna del estado polaco, en donde nació este país. Concretamente un una isla entre ríos que visitamos antes de comer en un auténtico restaurante judío de la ciudad. Una bonita plaza y un carrillón tradicional que es símbolo de la ciudad y de toda Polonia (además de ser cuna de la mayoría de las cervezas del país).

Un largo viaje en carretera hasta Varsovia, capital del estado. Una ciudad que ha sufrido mucho durante toda su existencia, y que le cuesta mantener vestigios de su historia. Un paseo nocturno por su casco antiguo, hasta el Palacio y pasando por la plaza del mercado y el impresionante monumento al levantamiento de la ciudad en la II Guerra Mundial, que es símbolo además de los continuos levantamientos del pueblo frente a sus invasores. Visitamos su también impresionante cementerio y el barrio judío, buscando los pocos rastros que quedan del ghetto judío durante la ocupación nazi.

Desde Varsovia emprendimos viaje hasta las conocidas minas de sal de Wieliczka. Pese a llegar tarde, pudimos convencerles de que nos enseñaran este patrimonio de la humanidad. Descendimos hasta 400 metros de profundidad, paulatinamente contemplando las maravillas que el hombre puede hacer sobre la sal. A mi me dio la impresión, durante toda la visita, de que Tolkien se inspiro en estas minas para recrear Moria en su famosa obra. Después de mas de dos horas entre paredes de sal nos dirigimos a nuestro hogar en Cracovia durante varios días. La ciudad de Cracovia, pese a no ser la capital oficial del estado polaco, respira por todos sus costados ser el corazón de la nación. Gran vida nocturna, ambiente joven y universitario, ciudad preciosa y animada. Aquí disfrutamos del fin de año, aunque el último día del 2011 lo pasamos visitando algo duro y difícil como es el campo de concentración de Auswitch, o mas bien, los dos campos de concentración. No me apetece aquí describir que vimos y que sucedió allí durante años, y también me cuesta opinar sobre si es necesario ese recorrido y el mantenimiento de tan grotesco lugar…; Pero imagino que es inevitable, que existiendo, haya que visitarlo y notar esa energía…, muy duro.

Cena copiosa, cata de cervezas y tomar las uvas en la plaza del mercado de Cracovia. Esa fue nuestra noche de fin de año, seguida de la animosa vida nocturna de la ciudad polaca. Día de resaca el de año nuevo, recorriendo las calles de la ciudad y visitando el interesante barrio judío. Cada vez nos gustaba mas Cracovia y dejamos para el último día visitar el corazón de la colina, cuna de la ciudad y de su leyenda del dragón. Catedral y Castillo que se levantan sobre el núcleo urbano de esta inolvidable ciudad.

Polonia es un país muy interesante, con una historia apasionante y dura, con ciudades bonitas y con un gran legado cultural. Polonia ha sido una bonita experiencia.

Seguimos soñando.